Symborg

"Aportando algo diferente y nuevo es posible hacerse un hueco entre grandes compañías y multinacionales"

Jesús Juárez

CEO y cofundador

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Symborg

Jesús Juárez es el CEO y cofundador de Symborg, una empresa murciana que aporta su investigación y productos al sector agrícola en todo el mundo. Fue financiada por Enisa en 2013 por un importe de 150.000 euros.

26 de mayo de 2020

¿Cómo surge Symborg?
Symborg se crea con la idea de sustituir productos funcionales de la agricultura convencional por productos biotecnológicos, sostenibles, saludables y respetuosos con el medio ambiente.

¿Cómo se os ocurre? ¿Por qué aparecéis en el mercado?
El origen de la compañía se debe a mi anterior trabajo en empresas de fertilizantes como comercial y como director del equipo comercial, colaborando también con el Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS). Allí conocí a Félix Fernández, doctor en Microbiología, con quien, un buen día, después de tiempo compartiendo sus investigaciones y las necesidades e inquietudes que yo detectaba en el campo, decidimos poner nuestros planteamientos en común y hacerlos realidad.

¿Quiénes forman parte del equipo de Symborg?
Inicialmente estábamos Félix Fernández y yo, ambos socios fundadores. Actualmente, el equipo lo componen 92 personas. Hay un grupo de I+D, formado por diez directores en microbiología y biología y un equipo de ingenieros agrónomos que nos ayudan en el desarrollo comercial.

Hemos oído hablar que empleáis tecnologías micorrícicas, pero nos suenan francamente a chino. ¿Nos podrías comentar qué es esto?
Dentro del sector, las tecnologías de hongos formadores de micorriza ya no suenan tan “raro”, aunque es verdad que cuando empezamos en 2010 no se sabía de biotecnología. Los hongos formadores de micorriza —que son nuestro primer producto y el que da origen a la compañía— son hongos simbióticos obligados. Esto significa que para poder sobrevivir necesitan a la planta obligatoriamente. El hongo se incorpora a la planta y crea un puente entre el suelo y esta, transportando  nutrientes y agua del suelo al interior de la planta. A cambio, esta aporta al hongo nutrientes en forma de azucares. Esta simbiosis provoca que la planta tenga mayor capacidad de producción.

¿Qué hacéis en vuestro centro experimental?
Tras el hongo formador de micorriza empezamos a desarrollar el departamento de I+D. Queríamos focalizarnos en aquellas áreas de la empresa donde consiguiésemos generar mayor valor. Entendimos que esto lo podríamos conseguir a través de la investigación y la comercialización y por ello decidimos reforzar estas dos áreas.

El laboratorio cuenta con un banco de microorganismos donde se inicia la búsqueda de candidatos para posibles productos. Para la etapa de validación utilizamos inicialmente centros de investigación externos, pero como queríamos acortar estos tiempos y rentabilizar y optimizar el gasto, montamos la finca experimental. Actualmente tenemos un laboratorio de microbiología para hacer las primeras pruebas y unas cámaras de cultivo que luego se reproducen en la finca experimental en unas condiciones casi similares al campo. Una vez acabamos esta etapa, obtenemos el mejor candidato que luego se valida en el centro de investigación o en empresas acreditadas. De esta manera se concluye el proceso hasta tener un producto listo para entrar al mercado.

Antes has comentado, que tenéis un departamento de I+D. ¿Qué papel juega la innovación en el desarrollo de vuestro negocio?
Symborg no se entiende si no fuese por su investigación y por su innovación. Solo aportando algo diferente y nuevo es posible hacerse un hueco entre grandes compañías y multinacionales. Por eso, a pesar de que es una empresa pequeña, dedicamos muchísimo esfuerzo e inversión al I+D.

Ahora que se habla tanto del mundo agrícola y de sus problemas, ¿qué ofrecéis vosotros a este sector?
En primer lugar, quisiera señalar que los problemas son una evolución de la agricultura, aquejada, además, de diversas problemáticas. Por ejemplo, siempre pensamos en el nitrógeno como algo que está causando muchos problemas, pero no podemos olvidar que dio ocasión a dos premios Nobel y que, además, nos ha salvado de muchas hambrunas. El nitrógeno consiguió multiplicar por más de cuatro la alimentación en el mundo. La evolución del uso de estas materias ha creado situaciones que ahora hay que empezar a solventar y sustituir. Por eso, estamos creando productos de origen microbiológico; productos sostenibles que no tienen un impacto para el ser humano, los animales y el medioambiente, sustitutos de estas soluciones, como es el caso del nitrógeno o los pesticidas, que en su momento ayudaron mucho a la sanidad de los cultivos, pero ahora desde unas soluciones mucho más sanas y saludables.

En este sentido, ¿hay buena acogida por parte de los agricultores o prefieren seguir con lo de siempre?
Los agricultores son los principales implicados en el cambio de la agricultura. Son los que viven directamente en la naturaleza y conviven con ella, preocupándose de que su cultivo llegue sano y en las mejores condiciones de calidad al supermercado y al consumidor. Ellos son los primeros interesados y quienes están innovando con todas las soluciones que desde las empresas ponemos a su alcance, para poder sustituir soluciones químicas por otras sostenibles y saludables.

Y a nosotros como consumidores, lo que nos aporta es muchísima seguridad alimentaria, ¿verdad?
Los consumidores, que al final somos todos (agricultores, empresas y ciudadanos) estamos siendo muy importantes dentro de la cadena de valor. Si está habiendo un cambio es porque el consumidor está preocupado.

Antes lo importante era el abastecimiento, después, empezó a preocupar el aspecto y ahora, estamos mucho más implicados y comprometidos en toda la cadena: desde el origen o  la utilización de medios, hasta la seguridad y trabajo de los empleados. Es el consumidor quien está poniendo en valor toda la cadena.

¿Se personalizan los productos que tenéis en función de las necesidades de vuestros distintos clientes?
Trabajamos con soluciones globales que se puedan aplicar al mayor número de cultivos, tipos de sistemas agrícolas y modos de uso. Nuestras soluciones están preparadas para ser desarrolladas tanto en agricultura extensiva (trigo, cebada, maíz, soja, arroz…), es decir, cualquier tipo de los llamados grandes cultivos, como para cultivos de fruta fresca, al aire libre o de invernadero. En resumen: cualquier tipo de cultivo.

"Si está habiendo un cambio en la agricultura es porque el consumidor está preocupado".

Antes has comentado que el consumidor está más pendiente de todo lo que es la cadena, desde el campo hasta la mesa. ¿Existe cada vez más una mayor demanda hacia una agricultura responsable?
Los medios están influyendo mucho y el consumidor, el agricultor y los propios supermercados están muy implicados en la sostenibilidad de los recursos que estamos empleando, de suelo, de agua, de seguridad laboral… Todos estamos muy implicados en la seguridad de los alimentos que consumimos.

A partir de vuestra investigación y experiencia, ¿en que está afectando a la agricultura el cambio climático? ¿Qué soluciones se pueden aplicar?
La evidencia del cambio climático la estamos viviendo en cada momento. En nuestro caso, trabajamos mucho el uso eficiente del agua, optimizando la producción de las plantas con los mínimos recursos de agua. Además, contamos con una línea de desarrollo de productos para nitrógeno: Bluen, un biofertilizante, que lanzamos el año pasado, que aporta nitrógeno a la planta a partir de una bacteria. Así conseguimos que con menos nitrógeno en los cultivos se cubran las necesidades de las plantas, aminorando los efectos del cambio climático.

¿Falla la información sobre lo que el sector agrícola hace por el medio ambiente?
Si el consumidor conociese un poco mejor el sector, sus percepciones cambiarían. Lejos de aquella vieja imagen estereotipada, el agricultor es un empresario muy profesional, preocupado por todo aquello que pueda afectar a su negocio, que cuenta con equipos técnicos e ingenieros agrónomos que le ayudan a diferenciarse a la hora de posicionarse en los mercados. Por lo tanto, el medio ambiente le interesa porque forma parte de su actividad: desde el material vegetal, pasando por el uso de agroquímicos, el mantenimiento de los suelos, la protección de los acuíferos... Lo que sucede en el supermercado no es un cúmulo de casualidades, sino de que las empresas tienen muy bien pensado cómo quieren llegar al consumidor y qué es lo que este demanda, para ofrecerle productos adaptados a sus expectativas.

Symborg ha ido creciendo con el paso del tiempo, ¿qué hitos podríais destacar de vuestra empresa y cómo han influido en su evolución?
El primer hito que destacaría es el registro de la propiedad intelectual de nuestros productos. Esto resulta clave para el desarrollo de la compañía, ya que facilita la comercialización y logra, además, el respeto y reconocimiento del sector, gracias al valor añadido que aportan nuestros productos patentados y claramente diferenciados.

Otro hito muy importante ha sido la internacionalización, que nos ha permitido tener una visión más amplia como compañía, haciéndonos crecer y logrando la adaptación a todos los mercados. Es algo muy difícil. Al principio pensábamos que internacionalizarnos sería salir y vender fuera, luego hemos visto que es mucho más que eso. Ser una empresa global nos da capacidad de visión, de estrategia, de toma de decisiones y de poder como compañía.

¿Aquí se vive igual la agricultura que en los países en los que estáis presentes?
La agricultura cambia porque el modelo de negocio es algo diferente. Hay países como pueden ser Brasil o Estados Unidos, donde el producto es el mismo, pero su idiosincrasia es diferente como consecuencia del tamaño de la superficie o los equipamientos, pero al final la orientación es parecida a la de India, España o México, donde la superficie es más pequeña. Se piensa igual a nivel de producto. El concepto de agricultor y sus preocupaciones están muy globalizados. Prácticamente todo el mundo tiene las mismas inquietudes y el mercado está pensando de manera parecida, aunque las características específicas de cada uno de esos mercados puedan variar.

"Ser una empresa global nos da capacidad de visión, de estrategia, de toma de decisiones y de poder como compañía".

Recibisteis financiación por parte de Enisa en 2013. ¿A qué ayudó este préstamo a vuestra empresa?
En 2013 todavía estábamos en una fase muy temprana. La financiación ayudó a nuestra tesorería para poder seguir creciendo con nuestro equipo comercial y para desarrollar el mercado. En aquel momento fue clave porque estábamos empezando a salir de la crisis y la financiación bancaria era escasa. Como empresa era muy difícil acceder a un crédito. Enisa confió en nuestro proyecto aportándonos el dinero necesario para desarrollar nuestra actividad.

Vuestros productos ya se comercializan a nivel mundial, ¿qué próximas metas tenéis por delante? ¿Cuál es vuestro planteamiento presente y de cara al futuro?
Estamos inmersos en un plan estratégico al que hemos llamado Symborg 100. Nuestro objetivo es poder llegar a ser una compañía que facture más de cien millones de euros en 2024. En 2019 facturamos cerca de 20 millones de euros y multiplicar por cinco es un gran reto.

Basaremos nuestra estrategia en el crecimiento orgánico, apostando un poco más por las áreas comerciales donde operamos actualmente.

En lo que se refiere al crecimiento inorgánico, estamos pensando en la adquisición de alguna compañía, para crecer comercialmente, y en el desarrollo de las nuevas plantas de fabricación: una planta de hidrólisis, en la que produciremos tres mil toneladas de aminoácido; y una planta de fermentación, donde vamos a construir una línea de fermentación con capacidad para albergar hasta treinta mil litros para producir quelatos. Hasta ahora su composición era mayormente de origen químico, pero nuestra molécula tiene las mismas prestaciones y es de origen microbiano, por lo tanto, absolutamente biodegradable y cien por cien sostenible.

De esta manera, completaremos toda la cadena: desde la investigación y su patente, la producción y finalmente, la comercialización. Afianzándonos en estos tres pilares queremos llevar a la compañía a los 100 millones de euros.

¿Qué es para ti, emprender y cómo vives esa experiencia?
Es una pregunta difícil porque emprender, desde mi punto de vista, es una pasión. Desde siempre he tenido ganas. De hecho, no me acababa de llenar el trabajo que desarrollaba en mi anterior empresa y creo que era porque necesitaba algo más. Emprender es querer tener una empresa y que el proyecto te satisfaga. He descubierto que mi hobby es la empresa, con la que me divierto y disfruto. También podríamos añadir que emprender es estar dispuesto a sacrificarse por la visión que buscas, aunque hay que hacerlo de forma ordenada porque las cosas exigen sacrificio, es verdad, pero hay que hacerlas bien.

Emprender, además de ser divertido, te aporta cosas maravillosas y te permite participar de la economía global, dando empleo a gente de diferentes lugares y compartiendo la tecnología que has conseguido desarrollar con un montón de países del mundo. Es realmente reconfortante y lo que te hace sentirte satisfecho y recompensado.

Cuando empezasteis en 2013 no os imaginabais hasta dónde ibais a llegar hoy, en 2020. ¿Hay alguna receta para llegar al éxito?
Creo que no existe la receta. Lo que sí hicimos en aquel momento fue no marcarnos límites, con la idea de que queríamos hacer algo grande y ser como los grandes. Los grandes están ahí, no por casualidad o porque tienen mucho dinero y muchos recursos —que los tienen—, sino porque hacen las cosas muy bien.

Si tuviese que dar una receta… Cuando tengas delante el folio en blanco y empieces a escribir sobre lo que quieres hacer, piensa en grande; es gratis y es lo que menos te va a costar. Piensa cómo quieres ser. Piensa en los mejores e intenta ser como ellos.